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Control de síntomas

El dolor que no siempre sabemos explicar

¿Qué es el dolor total y por qué importa?

Dra. Mariana NavarroLectura de 6 min
Enfermera o médica joven escuchando a una paciente mayor durante una consulta en casa

Hay días en los que nos duele algo y sabemos exactamente dónde. Una rodilla, la espalda, la cabeza. Podemos señalarlo con el dedo, describirlo y buscar algo que nos ayude a sentirnos mejor.

Pero hay otros dolores que no son tan fáciles de explicar.

A veces nos duele la preocupación por alguien que queremos, la incertidumbre de no saber qué va a pasar, el miedo a perder nuestra independencia o la sensación de que nuestra vida está cambiando demasiado rápido.

Y aunque esos dolores no siempre se sienten en una parte específica del cuerpo, pueden ser igual de difíciles de sobrellevar.

Porque no todo lo que nos duele es físico, y no todo el sufrimiento se alivia con medicamentos.

Cuando el dolor es más que dolor

Hace varias décadas, Cicely Saunders, una médica pionera en la atención de personas con enfermedades avanzadas, comenzó a observar algo importante: dos pacientes con enfermedades similares podían experimentar su dolor de maneras muy diferentes.

Comprendió que, para entender realmente el sufrimiento de una persona, no bastaba con conocer su diagnóstico o medir la intensidad de sus síntomas.

Había que conocer también sus preocupaciones, sus emociones, sus relaciones y aquello que daba sentido a su vida.

A esta manera de comprender el sufrimiento la llamó dolor total.

El concepto reconoce que nuestra experiencia del dolor tiene diferentes dimensiones: física, emocional, social y espiritual o existencial.

Y lo más importante es que todas están relacionadas.

Física

El dolor, la falta de aire, el insomnio y otros síntomas corporales.

Emocional

El miedo, la angustia, la tristeza, la culpa o la ira.

Social

La familia, el trabajo, el dinero, el aislamiento y los cambios en los roles.

Espiritual o existencial

El sentido de la vida, las creencias, la pérdida de propósito.

Todo está conectado

Pensemos en alguien que lleva varias noches sin dormir bien.

Tiene una molestia física, pero también está preocupado porque no ha podido trabajar. Las cuentas siguen llegando, necesita ayuda para hacer cosas que antes resolvía por su cuenta y le cuesta hablar de lo que siente porque no quiere preocupar a su familia.

Con el paso de los días está más cansado, más irritable y cada vez le resulta más difícil sobrellevar el dolor.

¿Qué es lo que realmente le duele?

Probablemente muchas cosas al mismo tiempo.

El dolor físico existe y necesita atención, pero también están presentes el miedo, la pérdida de autonomía, las preocupaciones económicas y los cambios en su vida cotidiana.

No son problemas independientes. Cada uno puede influir en los demás.

Eso es lo que nos ayuda a entender el dolor total: que el sufrimiento de una persona no puede separarse de su historia y de las circunstancias que está viviendo.

A veces, lo que más duele no es lo que imaginamos

Cuando alguien está enfermo, solemos concentrarnos en aquello que podemos observar: si tiene dolor, si duerme, si come, si puede caminar.

Son preguntas importantes, pero no siempre suficientes.

Quizá lo que más le preocupa es dejar de ser independiente. Tal vez siente culpa porque su familia ha tenido que reorganizar su vida para cuidarlo. O quizá tiene miedo y no encuentra cómo decirlo.

También puede estar preguntándose qué pasará con sus hijos, qué decisiones tendrá que tomar o cómo quiere vivir el tiempo que tiene por delante.

No siempre podemos resolver todas esas preocupaciones. Pero reconocerlas, escucharlas y darles un lugar puede cambiar profundamente la manera en que una persona experimenta su enfermedad.

Porque muchas veces, antes de encontrar una respuesta, necesitamos sentir que alguien comprende lo que estamos viviendo.

Mirar más allá de lo evidente

Entender el dolor total no significa que todo sufrimiento sea inevitable ni que todos los dolores tengan una explicación emocional.

Significa reconocer que somos mucho más que un cuerpo y que nuestra experiencia de bienestar depende de muchas cosas.

A veces necesitamos medicamentos. Otras veces, información, compañía, seguridad, descanso o ayuda para tomar una decisión difícil.

Y con frecuencia necesitamos varias de estas cosas al mismo tiempo.

El concepto de dolor total nos invita a mirar con más atención, a escuchar con más curiosidad y a no asumir que sabemos qué es lo que más le duele a alguien.

Porque detrás de cada dolor hay una persona, y para comprender su sufrimiento también necesitamos conocer su historia.

Si estás acompañando a alguien con una enfermedad compleja y sientes que necesitas orientación, puedo ayudarte a ordenar lo que está pasando y construir un plan de cuidados.